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Editorial
Año nuevo, Vida Nueva

Año nuevo, vida nueva. Muchas personas dicen que con la venida de un nuevo año debemos intentar mejorar como seres humanos, tanto en una forma espiritual y emocional como social. Desgraciadamente muchas veces esas buenas expectativas se quedan en solamente en la mente de quienes se lo plantearon pero no lo llevaron a cabo. En los pasados días hubo un suceso que realmente me llamó la atención de manera abrumadora: la muerte del joven Luisito Rey Gutiérrez y su novia Daniela Rojas.  

Para aquellos lectores que no estan al tanto del suceso, estos jovenes decidieron acabar con sus vidas en el cuarto de un hotel de la capital luego de varios días de desaparecidos.  Como es de esperar, la noticia causó revuelo en los medios (particularmente en aquellos de corte amarillista). Mientras que la muerte de dos personas jovenes es una verdadera pena,  él de 24 y ella de apenas 15 años, lo que más pena me causo es la forma y la razón por la que la prensa le dió tanta cobertura. Dos jovenes novios que se suicidan juntos es un cuadro que retiene algo de tragedia novelesca; sin embargo el hecho de que ambos hubieran vestido de negro y tuvieran un perfil social bajo, ademas de que al parecer hicieron varios dibujos de naturaleza "satánica" en sus cuadernos es una llamada para que los santulones y los defensores de la fé se lanzen en un carnaval de acusaciones y conjeturas tontas sobre muchas cosas que pasan en la sociedad, y que como se señaló un reportaje por ahí, son culpa de la música (como lo son todos o muchos de los problemas cuando no hay, o no es conveniente culpar a alguien más). 

Si buscamos demonios en la música, es probable que los encontremos, después de todo es un buen negocio vender una imagen. No obstante, el creer que la música es una Caja de Pandora contemporanea es algo bastante lamentable y retrogrado para una sociedad que se jacta de moderna e inteligente. Los problemas de una sociedad están siempre a la vista, lo pernicioso es ignorarlos o buscar chivos expiatorios.  Se dice que estos dos jóvenes tenían bebidas alcoholicas y pastillas con las que parece se intoxicaron. Nos alarmamos de esto pero aún así justificamos una conducta donde la "birra" es bien vista, tanto que la misma iglesia tiene acciones de la fabríca de cerveza, la misma iglesia que llama a no tomar y a la moderación. Y no nos olvidemos de la parte familiar. Que bonito sería que las familias recordaran las bondades del dialogo, eso si, sin el concilador escándalo de la novela que ve la niñita de 8 años pero cuya clasificación es para mayores de 18, pero casi se me olvida que no hay problema porque su mamá la mira con ella. Tonto de mí. 

Esto suceso más que alarmarnos es para que nos pongamos a pensar que pasa en nuestra sociedad, una sociedad donde el machismo, la doble moral y la indiferencia está a la orden del día. Con acontecimientos como este nos damos cuenta que el morbo de la gente es un negocio que lastima no solo a la sociedad sino también a otros sectores como el periodismo (si es que entrevistar a la madre y formularle preguntas incomodas y absurdas a los amigos de los jovenes en medio funeral con tono amarillista se le puede llamar periodismo). No busquemos demonios, busquemos formas de entendernos y superarnos; entendamos que no hay nada de malo en pensar diferente aunque sea por un momento. Ser críticos es una virtud no un pecado. Y por esos jovenes, que descansen en paz, es lo mínimo que se merecen.

Por Andrés
15/01/2006